Boyé rescata al Alavés en Mendizorroza: Los que empujaron el 2-2 y los que se quedaron a medias

El Deportivo Alavés se llevó un punto que sabe a alivio ante el Girona (2-2) en Mendizorroza gracias a un doblete de Lucas Boyé, que apareció al inicio y en el tramo final para evitar la derrota. El empate mantiene a los vitorianos en plena pelea por asentarse fuera de los puestos rojos y frena, de paso, el salto del Girona hacia la zona europea.
Un partido abierto, con guion de ida y vuelta
En las cifras frías se entiende bien lo ocurrido. El Girona gobernó más la posesión (55,7% por 44,3%), pero el Alavés fue más insistente en el remate (17 por 10) y acumuló siete córners. También llamó la atención la diferencia de faltas (18-6), síntoma de un Alavés más agresivo para morder y correr.
Pero si esta crónica de aprobados y suspensos tiene un nombre propio, es el de Lucas Boyé. Marcó el 1-0 empujando un balón servido desde la derecha y, cuando el 1-2 parecía definitivo, volvió a aparecer con un cabezazo a la escuadra tras un centro de Víctor Parada. Sin duda, Boyé no necesita dominar el partido para decidirlo.
El doblete le coloca con siete goles en Liga y refuerza la sensación de delantero de mínimos garantizados que viene repitiendo en la élite. Ya hemos visto esta regularidad goleadora en temporadas anteriores. En una noche en la que el Alavés no anduvo sobrado de finura, su ‘9’ fue el argumento.
El centro del campo, Sivera y el eje defensivo
No todo fue Boyé. Antonio Sivera volvió a dejar esa idea de portería que transmite calma, con intervenciones de mérito cuando el partido se rompió en la segunda parte y el Girona empezó a encontrar pasillos por dentro. Una parada ante Ounahi fue de las que evitan que el marcador se abra del todo.
Antonio Blanco hizo de bisagra. Robó, dio salida con criterio y le dio sentido al plan del Alavés, que buscó más la verticalidad que el control largo. Su lectura, especialmente cuando el Girona intentó dormir el partido con balón, fue de lo más estable del equipo.
A su lado, Pablo Ibáñez fue uno de los que más agitó el partido hasta que fue sustituido en el 76’. Su cambio no pasó desapercibido. Se escuchó descontento en la grada, que interpretó que el equipo perdía una de sus fuentes de energía para apretar en campo rival.
También dejó buenas sensaciones Ángel Pérez, la sorpresa en la medular. Piernas para romper líneas, descaro en la conducción y alguna llegada que obligó al Girona a mirar atrás. No fue un partido perfecto, pero sí un perfil que suma alternativas en un tramo de temporada donde el Alavés necesita oxígeno ofensivo.
Los detalles que cambian la lectura
La banda de Jonny Otto sufrió con la profundidad y el uno contra uno de Bryan Gil. El Alavés encontró poco por ese costado y, cuando el Girona cargó el juego ahí, la defensa local pasó apuros para sostener el duelo. Toni Martínez tuvo ocasiones para poner el partido cuesta abajo y no las convirtió.
Su entrega no se discute, pero en un encuentro tan ajustado cada balón que se escapa pesa doble. Calebe, por su parte, entró sin el impacto que pedía el tramo final, justo cuando el partido se convertía en una carrera de segundas jugadas.
Y en el desenlace también hubo conversación arbitral. El 2-2 de Boyé fue validado tras revisión en una jugada donde se protestó una posible falta previa, pero el tanto subió al marcador y dejó a Mendizorroza celebrando un empate que se estaba escapando.


