Giménez aporta sangre fría y el Atlético aguanta en el Camp Nou para llegar a la final de Copa

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Giménez aporta sangre fría y el Atlético aguanta en el Camp Nou para llegar a la final de Copa
El Atlético de Madrid terminó la noche en Barcelona con un sabor extraño. Derrotado en el partido, pero clasificado para la final. El FC Barcelona ganó 3-0 en el Spotify Camp Nou el martes 3 de marzo, con un doblete de Marc Bernal y un penalti transformado por Raphinha, pero se quedó a un solo gol de igualar la eliminatoria.

En ese margen mínimo, cuando el estadio empuja, la pelota pesa y cada centro al área parece un aviso, Diego Pablo Simeone buscó una respuesta conocida: Josema Giménez. El uruguayo entró en el minuto 76 por Giuliano Simeone, exausto, para ordenar la defensa en el tramo más delicado del cruce.

 

Un Camp Nou encendido y una eliminatoria al límite

El guion había quedado marcado desde la ida, disputada el 12 de febrero en el Riyadh Air Metropolitano, donde el Atlético se impuso 4-0. Ese marcador obligaba al Barça a una remontada casi perfecta y durante muchos minutos la rozó.

Bernal abrió el camino en el 29’, rematando a bocajarro tras un córner y una asistencia de Lamine Yamal. El 2-0 llegó en el añadido de la primera parte. Raphinha convirtió un penalti que puso al descanso a un Camp Nou convencido de que la noche iba a tener un giro final.

El tercero, también de Bernal, cayó en el 72’ tras otro saque de esquina. Centro de João Cancelo y definición desde el área pequeña. Con el 3-0, el Barcelona se quedaba a un gol de forzar la prórroga en el global (4-3), y el partido entró en esa fase en la que el reloj corre más rápido que las piernas.

 

El plan Giménez: Veteranía para apagar el incendio

Simeone no esperó a que el vértigo hiciera grietas. Cuatro minutos después del 3-0, Giménez pisó el césped para reforzar el cierre y blindar el área ante la oleada de centros y segundas jugadas que suele traer un final así. El cambio fue en el 76’, motivado por la lesión de Giuliano Simeone, pero la táctica era meter un central con mando cuando el rival ya solo jugaba a base de insistencia.

Giménez asumió galones nada más entrar, con el brazalete tras el gesto de Griezmann, en un intento por ordenar la cabeza de un equipo sometido a presión. Simeone lo resumió después diciendo que la madurez también se entrena. El técnico explicó que ese tipo de perfiles es el que sostiene a un grupo cuando el contexto amenaza con romperlo.

En una noche con ruido arbitral en acciones concretas, como el penalti señalado en la primera parte tras el choque entre Pubill y Pedri, al Atlético le convenía que el tramo final no se jugara a impulsos, sino a detalles. Y ahí el uruguayo encajó como un guante.

 

Un líder con historia en el Atlético, aunque ya no sea fijo

El partido también dejó una postal sobre el momento de Giménez en este Atlético. Ya no aparece siempre en la primera foto, pero sigue siendo un nombre al que se recurre cuando lo importante se pone serio.

El propio club recordó a finales de enero que el central alcanzó los 370 partidos oficiales con la camiseta rojiblanca, igualando a Luis Aragonés en la tabla histórica, con un palmarés que incluye dos Ligas (2013/14 y 2020/21), además de Europa League y Supercopa de Europa (2017/18).

En paralelo, en el día a día Simeone ha ido consolidando otras piezas atrás, lo que ha empujado a Giménez a un rol más intermitente. Pero en noches como la del Camp Nou se entiende por qué no deja de ser un recurso de entrenador. Por colocación, por lectura de los tiempos y porque su presencia reduce el pánico colectivo.

 

La Cartuja en el horizonte: Final, rival y fiebre de alojamiento en Sevilla

El premio para el Atlético ya tiene fecha y escenario: la final de la Copa del Rey será el 18 de abril en el estadio de La Cartuja (Sevilla), con la Real Sociedad como rival tras eliminar al Athletic en su semifinal. Para el Atlético, el camino a La Cartuja deja una lección que Simeone repite temporada tras temporada.

No siempre gana el que domina, sino el que resiste mejor los momentos de pánico. En Barcelona, el equipo vivió al borde del precipicio durante casi veinte minutos. Y cuando el partido amenazó con convertirse en una estampida, el plan Giménez, cabeza fría, jerarquía y oficio, ayudó a que el Atlético saliera vivo y con billete a la final.
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